Aquella maestra delegada…
No fue fácil aquella asamblea en Cerveceros,
cuando se estaba organizando el SUTEBA en
Quilmes y como delegada de la Escuela Nº 58,
empecé a ver los flashes de los periodistas y salí de
ahí volviendo a caminar las calles en contramano
para ver los autos que venían de frente, como hacía
en La Plata. Y en aquella parada de colectivos del
324 pasaban como diapositivas por mi cabeza las
situaciones, ya lejanas, que habían sucedido en La
Plata. Tenía que comenzar terapia… Y lo hice, pero
duraba poco tiempo porque llegaba un momento en
que me daba cuenta de que no podía hablar, y
abandonaba la terapia…
No fue fácil volver a La Plata, en el 88, y el primer
día de clases, en el subsuelo de la Facultad de
Humanidades, donde se cursaba Matemática, llegar
temprano, entrar al aula, y que estuviera
empapelada con las siluetas de todos mis
compañeros de la Facultad desaparecidos. Lloré
muchísimo en el aula todavía vacía, mucho…. Y me
quedé… Si me hubiese ido jamás hubiese sido
Antropóloga… Traté de interpretar que los
compañeros me daban la bienvenida.
















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