Pasó. ¿Y seguirá pasando?

nota 03 01 2026

Pasó lo que iba a pasar.
Lo que algunos sabíamos que iba a pasar.
Estados Unidos atacó esta madrugada a Venezuela y secuestró —sí, secuestró— al
presidente Nicolás Maduro y a su Primera Dama.
No me voy a detener a discutir si el gobierno de Maduro es una dictadura o no. Ese no es el
punto.
El tema es otro. Y es grave.
Bajo ningún concepto un país puede intervenir de esta manera en otro, desplegando su
poderío militar para secuestrar a una persona, y mucho menos a un presidente en funciones.
No existe ley internacional alguna que avale semejante injerencia. Ni en Medio Oriente ni
en América Latina. No hay justificación posible para este atropello.
En la Argentina sabemos bien de qué se trata, aunque algunos prefieran hacerse los
distraídos. Tenemos nuestras Islas Malvinas ocupadas por el Reino Unido desde hace
décadas. Y así como no se justifica la ocupación británica en territorio argentino, tampoco
se justifica lo que hoy hizo Estados Unidos en Venezuela, ni lo que Israel comete en la
Franja de Gaza.
Nada justifica la violación a la autodeterminación de los pueblos. Nada.
Y, como no podía ser de otra manera, funcionarios de altísimo rango del gobierno argentino
salieron a festejar la agresión. El primero, lamentablemente, fue nuestro propio presidente,
que ya no disimula su servilismo. Prefiero no caer en adjetivos groseros, pero el término
“cipayo” le queda cada vez más chico.
El mundo cambió. Ya no es el que queríamos ni el que creíamos conocer. Se está
reordenando el tablero internacional, y la pregunta central es inevitable:
¿Dónde estamos parados nosotros?
Nuestro campo de acción no puede limitarse a comunicados tibios o condenas abstractas.
Hoy más que nunca debemos ser claros en nuestras propuestas y coherentes con nuestras
ideas. Es tiempo de fijar posición, sin ambigüedades, sin especulaciones, sin vacilaciones.
Nada de tibiezas.
Nada de cálculos mezquinos.
Ni Trump ni nadie tiene derecho a meterse donde no lo llaman.
Es momento de decir con claridad quiénes somos y qué estamos dispuestos a hacer para
cambiar esta realidad.
Porque la historia no deja demasiadas opciones: unidos o dominados.

Como decía el General José de San Martín:
“Andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios. Seamos libres, que lo demás no
importa nada. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos. Compañeros,
juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas
como hombres de coraje.”
General José de San Martín
Libertador de Argentina, Chile y Perú

Juan Manuel Allerbon

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