Y sí: llegó.
Tarde o temprano, en esta etapa que vivimos en nuestra hermosa Patria, iba a llegar.
Y nosotros acá, en babia o peleando cada día por conseguir un mango para pagar el alquiler, la luz, el gas. En muchísimos hogares, ocupados simplemente de que a los pibes no les falte qué comer.
Lograron ponernos en esa trampa: tenernos todo el tiempo pensando en sobrevivir.
Salir de ese loop —en el que nos metieron y en el que también nos metimos, porque tampoco podemos corrernos de la responsabilidad— se vuelve casi imposible. La rueda interminable de trabajar y trabajar solo para la subsistencia nos tiene clavados en el lugar.
Y hoy, sí: llegó.
Hablemos claro. Esta llamada Ley de Modernización Laboral no es otra cosa que un retroceso brutal. Una versión elegante de lo que, en los hechos, es reducir a los trabajadores a condiciones cercanas a la esclavitud. No hay disfraz posible: es eso y nada más.
Y ahí está la CGT —una institución que banco, aunque no a sus dirigentes de turno— mirando cómo pasa todo, administrando silencios y soltando amenazas tibias. Mientras escribo esto, se anunció una movilización para el 18 de diciembre. Veremos.
Porque si seguimos mirando cómo pasa, va a pasar.
Así de simple.
Y así de grave.
Esto no lo podemos dejar pasar.
O sí. Ya lo dije en otros editoriales publicados en este mismo medio:
https://lakultural.com/quizas/
https://lakultural.com/de-reformas-y-no-cambiar-nada/
https://lakultural.com/proponer-proponer-y-proponer/
Hoy está acá. Llegó, entró al Congreso Nacional, y lo más peligroso es que depende de nosotros que no se convierta en ley.
Esta vez no vienen a tantear: vienen a fondo.
Nos quieren joder en serio.
Y no es cuestión de decir “total, cuando volvamos al gobierno, se revierte”. Ya sabemos que no. Sabemos lo que cuesta reconstruir lo que se destruye en un minuto.
Todavía estamos pagando lo que destrozó la última dictadura cívico-militar.
Leamos la historia. Sintamos la historia de lucha de este Pueblo.
Ojalá —y ansío con toda la fuerza— que estemos a la altura.
“… el futuro llegó hace rato…”
No lo creo.
Depende de nosotros que no llegue.
Juan Manuel Allerbon















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