Hola nuevamente. Nos volvemos a encontrar en nuestra tercera editorial, un espacio que ya sentimos como un lugar necesario para frenar y pensar entre tanto ruido cotidiano.
Vivimos analizando, escuchando y opinando, pero hay una realidad que nos pasa por encima mientras el sistema parece ganarnos por cansancio. Hablamos de redes, de tecnología y de nuevas formas de conectarnos, pero en el fondo, la sensación es la misma para casi todos: nos estamos cayendo del mundo. No importa cuánto tengas en el bolsillo; el sistema se ha vuelto tan potente y tan frío que solo tiene lugar para los que encajan en una norma que nadie puede cumplir. La información se distorsiona para que perdamos el rumbo, y en ese ruido, lo que de verdad nos pasa —las urgencias de salud que no esperan, las trabas que nos desgastan, el silencio de los que ya no tienen voz— se vuelve invisible.
Incluso para quienes creen estar a salvo, la sensación de vacío es parecida. El sistema te empuja a la soledad, a la indiferencia y a creer que si no podés seguir el ritmo, el problema sos vos. Pero el problema es que nos están quitando lo más básico: la posibilidad de vernos en el otro. Como se dijo alguna vez, nadie puede realizarse en una comunidad que no se realiza. Por eso, cuando el sistema abandona al que tenemos al lado, en realidad nos está abandonando a todos.
Nadie puede arreglarlo todo, pero todos tenemos un rol. El nuestro, desde este lugar que elegimos habitar, no es dar lecciones ni repetir frases vacías. Es, simplemente, limpiar el ruido. Buscar la verdad entre tanta confusión para que, al menos por un momento, podamos frenar y ver qué podemos ir haciendo desde donde estamos.
Recuperar la palabra: Dejar de lado las explicaciones raras y volver al encuentro sincero. Ahí donde lo que vivimos no se puede ocultar con una pantalla.
Sostener lo humano: No dejarnos ganar por la indiferencia. La mayor injusticia no es solo la falta de recursos, sino la indiferencia; el silencio ante el que sufre es lo que permite que el sistema siga avanzando. Sostenernos no es caridad, es justicia y es nuestra forma de defendernos.
Cuidar nuestra mirada: No permitir que las herramientas que usamos nos terminen usando a nosotros. Elegir qué mirar y qué contar para que nuestra realidad no se pierda en la nada.
No es un trabajo de un día; es el compromiso de no darnos por vencidos cuando todo parece empujarnos al vacío.
¿Qué hacemos? Nos quedamos acá, cumpliendo nuestra parte. Porque cuando intentan sacarnos todo, nos queda la palabra compartida y el que tenemos al lado. Y desde ese encuentro, siempre se vuelve a empezar.
Gracias por estar ahí y por ser parte de este camino. Nos seguimos encontrando en la próxima, con las convicciones claras y la mirada puesta en lo que de verdad nos une.
¿Qué hacemos mientras todo se rompe?








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