La literatura es una de mis mayores pasiones, la literatura para mí se define como la infinitud de poder imaginar, crear y pensar variedades de mundos posibles, historias que nos marcan en el alma, personajes reales con quienes sentir y compartir emociones, la literatura es sentir e imaginar sin límites, crear y representar diversas realidades, historias y posibilidades,
de encontrar, entre palabras ajenas, fragmentos de una misma.
Cada verso, cada párrafo, cada historia, tiene la capacidad de abrir un universo entero dentro de alguien. La literatura no solo cuenta historias: acompaña, transforma y salva.
Hay quienes dicen que leer es escapar. Yo creo que también es regresar. Volver a uno mismo cuando todo alrededor parece confuso. En los libros encontré preguntas que todavía no sé responder y, al mismo tiempo, refugios para seguir buscándolas. Encontré personajes con los que compartir dolores, emociones y esperanzas. Encontré la posibilidad de pensar el mundo desde otros ojos y, sobre todo, de imaginar uno mejor.
En la literatura encuentro el sentido y la comprensión de mi ser, con ella puedo entenderme cuando muchas veces no lo logro, crear personajes, historias y sentimientos con quienes sentirse identificado y empatizar, quiero hacer sentir al lector, pensar y analizar, criticar lo establecido.
Me presento, soy Agustina Mendez Sánchez, soy una joven adolescente de 17 años, soy de Quilmes Oeste, en este momento estoy cursando mi último año de secundaria, me encanta la literatura y la escritura desde chica, me fascina escribir, participé durante 4 años consecutivos, teniendo en cuenta en año corriente, en los juegos bonaerenses, y luego de varios intentos, logré consagrarme campeona provincial en la disciplina de literatura juvenil en la categoría de poesía sub 18 el año anterior en la ciudad de Mar del Plata. Actualmente voy a participar en ellos como mi último año en esta competencia hermosa y única.

La literatura no siempre comienza en un libro. A veces empieza en una niña que mira el mundo con demasiada intensidad. En una adolescente que se conmueve con una canción, con una conversación ajena en el colectivo, con la tristeza escondida detrás de unos ojos cansados. Empieza ahí: en la sensibilidad. En esa forma de sentir que muchos consideran exagerada y que otros llaman simplemente humanidad.
Siempre me dijeron que soy muy emocional, y si, lo soy, siento todo a flor de piel, al apreciar un momento o lugar, al conocer a otras personas, al apreciar arte ajeno, en las cosas cotidianas, hasta en lo más mínimo logro ser capaz de sentir algo, muchas veces me sucede que empatizo tanto con una persona que logro el intento de sentir lo que siente, cómo si absorbiera sus emociones. Tantas veces me dijeron que debo ser menos sentimental por cuidado, por precaución, para evitar el dolor, pero ¿No es eso lo que nos hace humanos, ser capaces de pensar y sentir todo? La respuesta es algunos más que otros, pero lo somos, somos seres con corazón, alma y mente, y si, muchas veces el dolor o tristeza es multiplicado, pero también la emoción, la nostalgia, la felicidad, el amor, la memoria y la esperanza se vuelven inmensos, Así que no hay nada de malo en ser alguien muy emocional, eso es lo que nos hace únicos.
Y es justamente de esa sensibilidad es de donde nace mi escritura.
Me encanta leer desde muy chica, solia tener una biblioteca llena de libros infantiles en mi infancia, siempre me interesaban las clases de lengua en la primaria, hasta la pandemia que comencé a leer de manera más continua y con más placer de hacerlo. Comencé con novelas juveniles de forma digital y luego fui probando varios géneros literarios. Actualmente leo un poco de todo realmente, me encantan las novelas, la poesía, las obras de teatro, los cuentos y crónicas. Últimamente leo muchos autores argentinos, aunque vario mucho en la lectura, soy de probar distintos subgéneros, a principio de este año leía más clásicos de la literatura universal y ahora estoy con literatura argentina, pero eso no significa que me abstenga de leer otras cosas.
Desde que comencé a leer de manera progresiva en 2020, me encantó y me enamoré del mundo literario, por lo que, a su vez, empecé a escribir también, para expresar lo que siento, para ordenar mí mente, para crear historias posibles, la escritura se convirtió en una terapia para mí, en un refugio en el que me resguardaba, me entendía, evitaba pensar a veces, me distraía de ciertas realidades de mí vida, finalmente se convirtió en un espacio de identidad.
Desde aquel momento, continué escribiendo tanto cuentos como poemas hasta la actualidad, considero que la poesía es mí fuerte, pero también escribo ensayos, cuentos y me encuentro probando con intentos de obras de teatro. Yo no me animaba a mostrar lo que escribía, por vergüenza, por miedo a ser juzgada, por miedo al rechazo de no ser lo suficientemente buena, hasta que llegó un oportunidad a mí vida en el año 2023 a mí colegio. La posibilidad de una inscripción a los juegos bonaerenses 2023, luego de varios momentos de no animarme, de sentir que no iba a poder, me inscribí con mi institución educativa en poesía sub 15. El primer año no tuve resultados positivos de parte de la competencia, era mi primera vez, mi primera experiencia, fui acompañada de mi familia, de mi profesora de literatura y de mis compañeros también participantes de la instancia municipal, sentí mucha frustración ese día, me había puesto muy triste de no llegar, de no poder y logré sentir que no servía para esto, pero no me rendí, ese día también decidí seguir intentando a pesar de los rechazos y las circunstancias. Al siguiente año sucedió lo mismo, no clasifiqué y solo quedé en la etapa municipal, esa frustración volvió, y aunque me devastó, seguí una vez más. En el 2025, había escrito durante el verano, un poema que me identificaba y representaba en su totalidad, era mi historia de vida escrita en versos de manera poética, era sobre mi pasado, sobre la persona que fui para ser la persona que soy hoy, ese poema era una crítica social muy profunda, intensa e impactante para todo el que lo leía. Así que cuando llego la competencia lo presenté, está vez había presentado algo que me representaba, algo personal pero colectivo a la vez, algo realista y cotidiano, una temática que se normaliza e invisibiliza socialmente y debemos cambiar. Finalmente llegó lo que tanto esperaba y soñaba, obtuve el primer puesto en la etapa municipal, lo mismo con la etapa regional y logré el pase a la final provincial en la ciudad de Mar del Plata en octubre de ese año. Estaba tan feliz y emocionada de lo que había logrado, no lo podía creer, hubo muchas lágrimas de mi parte como de parte de mi familia, fue un logro y orgullo para todos. Al momento de viajar a la final estaba muy ansiosa por la competencia, pero mi mente estaba puesta en disfrutar la única e increíble experiencia de vivir esa semana en la ciudad costera. Pasé unos días preciosos rodeada de personas sumamente talentosas, muy amorosas y con un apoyo mutuo hermoso en cada momento, en cada competencia, en cada comida compartida, se formó un grupo muy lindo que hasta hoy en día seguimos manteniendo contacto. Más allá de la competencia, aquella experiencia significó otra cosa: conocer jóvenes artistas sensibles, talentosos y generosos, compartir conversaciones eternas después de cada día competitivo, descubrir que el arte también crea comunidad.
Cuando llegó el momento de la premiación, me latía muy fuerte el pecho, estaba muy nerviosa, en mi mente solo pensaba en que nombrarán a la localidad de Quilmes, pero mi corazón decía que ese premio ya era mío a pesar de los resultados reales. Hasta que nombraron a Quilmes como municipio ganador de la medalla de oro en poesía sub 18, todos estábamos tan felices, gritando, llorando, abrazándonos y festejando, yo había logrado lo que tanto tiempo soñé, obtener una medalla y de oro en lo que tanto amaba hacer. Ese día entendí varias cosas, una es que no importa que tanto tiempo tome o lleve lograr un sueño, algún día eso llega, es cuestión de paciencia y perseverancia, otra fue de no rendirnos nunca a pesar de las circunstancias o que creamos que no somos suficientes en algo, siempre somos suficientes, el aprendizaje constante es una clave importante también, el aprender a que nuestra voz y palabra es la herramienta más poderosa solo hay que encontrar esa fortaleza y dejar el miedo al rechazo o la vergüenza de lado, que el rechazo no define el valor de una persona ni de su arte, que ninguna voz debería esconderse por miedo a no encajar. El arte siempre es subjetivo, cualquier persona puede hacer arte y lograr hacer sentir a otras personas distintas formas y persepciones de emoción, cada uno es capaz de ser y hacer arte, el arte y la cultura son los medios fundamentales de emoción humana.
En mi caso, mi arte nació del dolor pero también de la transformación y la perseverancia, de no tener más miedo de sentir y ser yo en mi versión más auténtica, de liberarme.
Actualmente sigo dedicando parte de mi tiempo de la literatura y sé que quiero dedicarme a esto por mucho tiempo más, sigo escribiendo, sigo leyendo, sigo creyendo en el poder de las palabras. Porque la literatura me enseñó que las emociones no son un exceso, sino una forma profunda de estar vivos. Y entendí también que el arte y la cultura no son un lujo ni un adorno: son memoria, identidad y resistencia. Son aquello que nos representa como sociedad y lo que muchas veces nos salva del olvido.
Nunca es tarde para hacer lo que nos gusta, nunca es tarde para intentarlo, nunca es tarde para soñar y para apreciar el arte de otros, nunca hay que despreciar o dejar del arte y la cultura de lado porque es lo que nos representa, es lo que somos como sociedad. Y quizás esa sea la verdadera función de la literatura: recordarnos que, incluso en medio de un mundo que a veces duele demasiado, todavía existen palabras capaces de abrazar a alguien.
Agustina Mendez Sánchez













