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Las niñeces no pueden esperar

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Día de las Niñeces y me pregunto qué rol y qué lugar ocupan las niñeces en nuestra sociedad y en la agenda política nacional.

Pero, sobre todo, quiero preguntarme qué lugar les damos nosotros, los adultos.

¿Hacemos que se respeten sus derechos?¿Cuidamos a quienes deberíamos cuidar?

¿Entendemos que las niñeces y las adolescencias son una de las poblaciones más vulnerables de nuestra sociedad? Recordemos que hace poco sacamos una columna donde hablamos que los adolescentes y jóvenes están en el pico de las estadísticas de  suicidios y que vienen en aumento.

¿Qué futuro podemos imaginar si las niñeces no son nuestra prioridad?

En la Argentina de 2026 hay 5,1 millones de niñas, niños y adolescentes que viven en hogares pobres. El 42,3% de las personas de 0 a 17 años se encontraba, en el segundo semestre de 2025, por debajo de la línea de pobreza. Y cerca de 1,1 millones vivían en hogares indigentes.

Es decir que, 4 de cada 10 niñes viven en hogares pobres. Detrás de estas cifras hay una niña que no tiene garantizada una alimentación adecuada. Hay un niño que vive en una casa donde falta espacio para jugar o moverse. Hay un adolescente que no tiene las mismas posibilidades de acceder a determinados servicios. Hay familias que deben elegir qué pagar y qué dejar para después. Hay niñes que no reciben regalo en su día porque sus familias son pobres.

Que tengamos niños pobres se convierte en una vulneración de derechos de los adultos hacia las niñeces que se encuentran en una evidente situación desigual de poder.

La salud es un derecho.

No se limita a la atención médica. La salud se construye mucho antes: en la alimentación, en el agua segura, en una vivienda adecuada, en el descanso, en la vacunación, en los controles médicos, en la salud mental, en la posibilidad de jugar, de aprender y de desarrollarse.

La salud también se construye en cada caricia. En cada palabra de aliento. En cada abrazo.

En cada felicitación por el día de su cumpleaños. En cada vez que les decimos que estamos orgullosos de ellos. En el amor que les transmitimos quienes somos sus referentes afectivos.

Cuidar la salud de las niñeces también significa hacerles sentir que son importantes, que son escuchados, que son queridos y que tienen un lugar en este mundo.

Los propios datos oficiales muestran desigualdades importantes.

Según información basada en el Censo 2022, entre la población de 5 a 17 años, el 42% no tenía obra social, prepaga ni un plan estatal de salud. En la EPH del segundo semestre de 2025, el 44,1% de los chicos y chicas de esa edad tenía cobertura exclusivamente del sistema público.

La salud pública es un derecho y una herramienta fundamental de igualdad. Pero sí nos obliga a preguntarnos qué sucede cuando una familia pierde su empleo, cuando deja de poder pagar una prepaga, cuando aumentan los costos de los medicamentos o cuando el acceso efectivo a una consulta, un estudio o un tratamiento se vuelve más difícil.

Por eso insisto:

Hablar de pobreza infantil es también hablar de salud pública.

¿Y qué pasa cuando no alcanza para comer? Hay otra dimensión que no podemos esquivar: la alimentación. No alcanza con que un niño tenga algo para comer. Tiene derecho a una alimentación suficiente, nutritiva y adecuada para su crecimiento y desarrollo. UNICEF señala que la inseguridad alimentaria moderada y grave alcanza al 36% de la población argentina, con un impacto mayor en los hogares más vulnerables. Y esto tiene consecuencias que van mucho más allá del hambre de hoy. Una alimentación insuficiente o de mala calidad puede afectar el crecimiento, el aprendizaje, el desarrollo y la salud a lo largo de toda la vida.

Por eso, cuando una familia tiene que elegir entre pagar el alquiler, comprar alimentos o comprar un medicamento, no estamos frente a una simple dificultad económica. Estamos frente a una situación que puede comprometer derechos fundamentales de niñas, niños y adolescentes.

El derecho a una vivienda digna tambien le corresponde a las niñeces.

Del segundo semestre de 2025, lxs niñes de entre 5 a 17 años, el 27,3% vivía en viviendas con materiales insuficientes o parcialmente insuficientes; el 6,5% estaba expuesto a hacinamiento o hacinamiento crítico; el 18,3% tenía condiciones de saneamiento

inadecuadas; el 12,1% no tenía acceso a la red pública de agua corriente y el 34,8% no tenía acceso a la red pública de cloacas. 

Entonces ¿Dónde empieza la salud? Empieza en el lugar donde un niño duerme.

En el agua que toma. En la comida que tiene en la mesa. En el aire que respira. En la posibilidad de descansar. En la seguridad de saber que mañana va a seguir teniendo un techo. Y cuando ese techo desaparece, la vulnerabilidad se multiplica.

En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, el propio Gobierno porteño sostiene dispositivos específicos para familias en situación de calle y, en documentación oficial correspondiente al período noviembre de 2025 a enero de 2026, informó que la ocupación de las plazas de derivación exclusiva superaba el 95% y que existe un protocolo específico para familias con niñas, niños y adolescentes en situación de calle. Pudimos ver en redes sociales la viralización de los maltratos que reciben las personas en situación de calle durante la desocupación de plazas y espacios publicos llevada adelante por Jorge Macri. Los echan de la plaza, los esconden y no les resuelven la problemática habitacional.

Es una problemática que requiere dispositivos específicos de protección. Y cuando un niño vive en la calle, no pierde solamente una casa. Pierde condiciones básicas para ejercer derechos. 

Y todavía falta hablar de la violencia y maltrato infantil.

En Argentina, la Encuesta MICS de UNICEF encontró que el 59% de las chicas y chicos de entre 1 y 14 años había experimentado prácticas violentas de crianza: el 42% había sufrido castigo físico y el 51,7% agresión psicológica.

Y los registros de la Línea 102 muestran que la violencia continúa siendo una de las principales razones por las que se pide ayuda. En 2022 se recibieron 39.409 llamadas pertinentes en todo el país y 21.000 estuvieron relacionadas con distintas formas de violencia contra niñas, niños y adolescentes.

La violencia deja marcas en el cuerpo, pero también en la salud mental, en los vínculos, en el aprendizaje y en las posibilidades de construir una vida plena. Y muchas veces ocurre justamente donde debería existir mayor protección: en los ámbitos cercanos, familiares o de confianza.

En el relevamiento nacional de violencia familiar y sexual de 2020-2021, el 74,2% de las víctimas niñas, niños y adolescentes había sido violentada por alguien de su entorno cercano o ámbito de confianza. Como acto de justicia los adultos tenemos que construir las condiciones para que efectivamente puedan estar protegidos. Si en Argentina tenemos mas de 12 millones de niñeces tenemos que pensar necesariamente en ellos cuando nos preguntamos ¿Qué país queremos?

Entonces vuelvo a la pregunta del principio. ¿Qué lugar ocupamos los adultos? ¿Qué cuota de responsabilidad tenemos?

Las niñeces no eligen el país en el que nacen. No eligen las condiciones económicas de sus familias. No eligen si sus padres tienen trabajo. No deciden cuánto cuesta un alquiler. No deciden si pueden acceder a una prepaga. No deciden si en su casa alcanza para comer.

Ellos no pueden defenderse solos.

Por eso necesitamos adultos que los acompañen, pero también adultos que los representen, que los escuchen y que defiendan sus derechos.

Y también necesitamos ciudadanos que voten pensando en ellos.

Porque pensar qué país queremos para nosotros es, necesariamente, pensar qué país queremos para nuestras hijas, nuestros hijos y las generaciones que vienen.

Podemos discutir modelos económicos. Podemos discutir impuestos, salarios, inflación, déficit, gasto público. Pero hay una pregunta que debería atravesar todas esas discusiones:

¿Qué lugar ocupan las niñeces en el país que estamos construyendo?

Porque cuando una sociedad decide sus prioridades, también está decidiendo qué vidas protege primero. Y las niñeces deberían estar entre esas prioridades. No porque sean solamente “el futuro”. Sino porque son el presente. Y el presente no puede esperar.

Las niñeces no pueden esperar.

Y quizás este Día de las Niñeces sea una buena oportunidad para dejar de preguntarnos solamente qué les vamos a regalar. Empecemos a preguntarnos qué sociedad estamos construyendo para ellos. 

Mai Urbina

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