de Julio Ricardo Nuñez
Estaba haciendo mi ronda, entrada la noche,
como me era habitual
ya sin gente en el parque de atracciones,
su aspecto lucía más liminal.
Recorría linterna en mano entre apagados puestos
de entretenimiento
cuando en un tramo cercano al patio de comidas pasó esto
y no miento.
“Señor, hacia donde emigran los duendes?”
Una voz pequeña me inquirió –
“En el jardín de mi casa solan corretear”.
Dijo la niña y sonrió.
Qué extrano, pensé, alguien se ha olvidado a su niña con trajecito
de hada.
No se la veía perdida, aunque ansiosa por mi respuesta, y algo
preocupada.
“Señor, hacia donde emigran los duendes?”- Ella me inquirió
nuevamente-.
Tarde un momento en comprender aquella extraña situación en
mi mente.
Mira, niña, quizá emigraron a tierras donde siempre es primavera,
pues si tendría que elegir yo, esa sin duda, seria mi elección
primera.
Quizá han mudado de pueblo a uno donde todo este hecho con
toboganes, para que puedan ir de un lado a otro cómodamente esos
holgazanes.
Holgazanes?;Ojalá!¿Toboganes, acaso son un tipo de árbol o de
fruto como la cereza?”
Eh… no, en realidad son….
“Bueno ese no es mi asunto, por los duendes le pregunto, el resto
no me interesa”
Bien, quizá tus duendes han decidido irse a vivir todos en un gran
globo aerostático,
curioso nombre,¿no crees tu?,
para algo que nunca se encuentra estático.
Quizá abordaron un cohete en forma de bonete
y se fueron nomás a Marte,
a echar saludo a sus primos grises o bien pudieron
irse a otra parte.
“A Marte? No conozco ese bosque ¿Y desde cuando tienen
primos grises?
Aun no comprendo…¿Dónde estarían sino entremetiéndose por
doquier con sus narices?”
Tal vez quizá fueron de compras a por menta y tabaco para sus
pipas,
a por chocolate para sus tortas y a arándanos para sus chipas.
Emigrar como me dices ti, son libres ellos de irse a cualquier
lugar,
Ahora dime, pequeña,¿Crees que son horas para estar fuera de
hogar?
¿Fuera de hogar? Usted vino y plantó su circo, donde este solía
serlo,
solía ser mi bosque, lleno de vida estaba y ahora nomás hay que
verlo.”
Si tanto todo esto fuese mío, no iría de sereno noctambulando,
créeme pequeña, ahora bien, podrías decirme tu
¿De qué me estás hablando?
“De nuestro bosque hablo, lugar de jazmines, de orquídeas
y rosedales,
hogar mío y de conejos, mariposas, faunos y duendes a raudales.”
“Aquí suelen oírse risas pero no hay nada por lo cual alegrarse,
basta con verles, criaturas crueles, para uno querer solo alejarse.”
Ruego me disculpes pero nada puedo hacer por tu bosque mágico.
“Ya está amaneciendo, antes veía vida aquí, ya solo metal
y plástico.”
De pronto, un pitido de silbato me volvió en sí,
era el sereno diurno
que venía en dirección mía sorbiendo un café dispuesto
a tomar mi turno.
Él me saludó,”Buen día compañero” Yo le saludé,
buen día Alberto.
“¿Noche tranquila?}” Preguntó.
Si -conteste-y curiosa también por cierto.
Ilustración: Matias Argüello














