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LA LITERATURA Y EL PAPEL, MI TRINCHERA

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Para mí, la literatura no es un ejercicio de escritorio ni algo que se aprende solo en los libros. Para mí, escribir es un acto de supervivencia. Siempre digo, agarrándome de lo que decía Alejandra Pizarnik, que la poesía me salva todo el tiempo. Pero no me salva solo a mí, a Elvis, salva mi historia, la de mis viejos y la de mi barrio.

Como periodista y poeta, entiendo la literatura como una filosofía de la acción. No escribo para que me aplaudan en un salón elegante, escribo con conciencia de clase. Se donde estoy parado. Escribir es mi forma de denunciar que en Itatí nos falta el agua o las cloacas, de mostrar cómo el paco nos viene arrancando a los pibes desde hace años. Pero también es mi forma de rescatar la belleza que otros no ven, como el ritmo de los pasillos, la solidaridad entre vecinos, ese brillo que tiene la villa cuando se cuenta a sí misma. Mi filosofía es simple: la palabra es el territorio donde dejamos de ser “el objeto de estudio” de los de afuera para convertirnos en los dueños de nuestro propio relato. Escribir es decir: “Acá estamos, esto somos y tenemos derecho a la belleza”.

Yo nací en La Boca, pero mi patria es Villa Itatí, en Quilmes. Ahí me crié, ahí me hice, ahí soy. Soy hijo de la mixtura de nuestra tierra, mi vieja vino de Clorinda, Formosa, y mi viejo de San Pedro del Paraná, Paraguay. Me crié entre tías y vecinos, habitando la soledad de los pasillos mientras mis viejos se rompían el lomo, él como albañil, ella limpiando casas ajenas. De ellos heredé el silencio del laburante, pero también el oído atento para escuchar lo que el barrio grita.

Mi camino en la comunicación empezó con los pies en el barro. Fui parte de la semilla de Comunicación y Reflexión Villera e Itatí TV, cuando entendimos que el barrio necesitaba su propia pantalla. Mi pluma me llevó a lugares que nunca imaginé: pasé por La Garganta Poderosa y hoy sigo aportando en Mundo Villa.

Pero si tengo que hablar de un logro u “éxito” que me cambió la vida, fue mi segundo libro: “Conciencia y Clase: Crónicas de un villero”. La pandemia, que para muchos fue puro silencio, para mí fue el motor para sacar esos poemas fuera. Gracias al colectivo de artistas y editorial Desde Adentro, ese libro hoy es una bandera. Y ahora, me toca devolver algo de todo eso impulsando, contagiando a la sección de letras de este medio popular La Kultural, para que otros escritores y escritoras locales tengan el lugar que se merecen.

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