En esta segunda entrega, compartimos la introducción de Insilio: los gritos del silencio.
Una voz en primera persona que reconstruye el silencio, la memoria y la necesidad de contar.
INTRODUCCIÓN
Por Zuni Quatrin
Después de tantos años, casi cincuenta, me animo a conversar con compañeras y
compañeros allegados y otros que no tienen nada que ver con la militancia orgánica, para
recopilar testimonios de lo que nos tocó vivir en los afios setenta, tan oscuros, tremendos,
en los que hubo que atravesar el peor de los calvarios. Cada día que empezaba no
sabíamos si llegaría a su fin. Era una vida a cuentagotas, como que te la prestaran por un
rato, por unas horas, no más. De casa en casa, con lo puesto y con el alma rota, sin poder
procesar todo lo que pasaba en ese momento.
Con este libro intento visibilizar lo que fue permanecer callados. Tan fuerte ese silencio,
que nos silenciamos a nosotros mismos, sin poder contar siquiera nuestros propios
sentimientos, una sensación que sólo los que vivimos ese instante podemos dimensionar
el inmenso dolor provocado. Esto, llamado insilio, una palabra poco utilizada en nuestro
vocabulario, es el de ser un náufrago en tu propio territorio, es precisamente lo que
tuvimos que vivir. Nos llevó a escondernos de nosotros mismos, donde se está sin ser,
donde el silencio es casi total, con una identidad vulnerada por una memoria reprimida.
Era estar en una prisión invisible.
Si un lugar puede definirse como un sitio donde se tiene una identidad, un lugar de
pertenencia con el marco histórico del momento, en un espacio que no pueda definirse
nada de eso, lo llamaría como un no lugar. Y en ese no lugar estuvimos demasiados años.
Son historias contadas en primera persona, que atravesamos como pudimos, llevando a
cuestas los traumas ocasionados tanto a nivel psicológico-emocional como sus
consecuencias físicas, sin ser reconocidos o tenidos en cuenta en discursos oficiales y no
oficiales, y hasta ninguneados, muchas veces, por los propios compañeros. Tampoco la
justicia nos incluyó en ningún tipo de reparación histórica,¿para qué?, si no nos había
pasado NADA.
Quisiera que sea la voz de los que permanecimos en silencio y hoy nos animamos a
expresar. Siento que apenas tenemos tiempo de envejecer, que ya nuestro pasado se vuelve historia
y que nuestro testimonio pasa a pertenecer a esa historia. Queremos que se sepa, aunque
nunca vaya a aparecer en los libros de la historia oficial.
Empiezo a recibir los testimonios y a tener las primeras reuniones para establecer los
criterios de cómo compilar este material, y percibo que la idea empieza a expandirse, y a
superarse ampliamente de la idea original. Se suma al equipo Agustín Zaninovich,
abogado de profesión, docente y escritor –entre otras actividades quien me propone
novelar cada uno de estos relatos con el fin de que formen parte de un todo. Esta idea me
seduce ciento por ciento, me cierra por todos lados -como suele decirse, porque
convengamos que ninguno de estos testimonios es fácil de procesar, y el hecho de hacerlo
en un modo novelado da lugar a tomar ciertas licencias para ficcionar lo vivido sin perder
el sentido de cada uno de los casos expuestos.
Reencontrarme con cada uno de ellos, atravesar el pasado rápidamente, no puedo negar
que me llena de nostalgia, angustia y dolor, pero a la vez me reconforta poder abrazarlos.
reconocernos sobrevivientes de ese horror, no nos pudieron encontrar, de alguna manera
tengo que admitir que con nosotros no pudieron y ahí es donde asumo mi compromiso,
como mujer, madre y abuela que soy, como militante del campo popular de toda la vida
como antropóloga y maestra que son mis profesiones, celebrarnos, sin olvidar que nuestra
lucha es y será SIEMPRE por la MEMORIA, la VERDAD y la JUSTICIA. NO
OLVIDAMOS, NO PERDONAMOS.















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